Lectura de invierno

"La Caverna" del escritor portugués José Saramago*, critica la sociedad consumista de nuestros tiempos. La novela cuenta la historia de una familia de artesanos que fabrica objetos de barro y se da cuenta de que su trabajo ha dejado de ser necesario para el mundo. El pequeño negocio de la familia corre peligro debido a la creación de un gran centro. El protagonista, Cipriano Algor de 64 años, no entiende como las industrias de cerámica y sus robots pueden sustituir a los barros amasados, principal crítica del autor.

El tema de la novela es el análisis que hace Saramago de la sociedad de hoy en día a la que considera "una realidad injusta y vergonzante". Saramago realiza una metáfora en la que el gran centro del que habla es el Occidente de hoy en día. Afirma que "en los centros comerciales, los estadios y las discotecas es donde las personas aprenden las normas de vida y todos esos lugares son cavernas cerradas". El escritor intenta con su novela implicarnos en el mundo e informarnos de "la conciencia autista que crean los grandes centros comerciales".

*José Saramago es uno de los más conocidos escritores de la literatura contemporánea. Nacido en Potugal, 1922, e hijo de una familia de labradores, decidió dedicarse por completo a la literatura. Sus obras son conocidas en gran parte de los rincones del mundo quizá por el gran contenido realista que poseen y por la relación que tiene con sus lectores, una relación "que va más allá de lo habitual entre un autor y sus seguidores".

(...)

Te acordás cuando salíamos a caminar por Plaza Francia y te gustaba descalzarte y me tenías de la mano y tomábamos mate y nos sentábamos al sol para fumar tranquilos y apoyabas tu cabeza en mi pecho y cantabas alguna canción en voz baja.
Y te hacías una trenza con una cintita que encontrabas en el suelo y yo te contaba del trabajo y vos a veces te reías y comentabas algo divertido a cerca de las personas que se deprimen los domingos de lluvia y te arremangabas los pantalones y tu piel se hacia espejo de aquella tarde.
Y yo en silencio te miraba y tus gestos me causaban gracia y vos te enojabas y encendías un cigarrillo con violencia y cambiabas de tema a tu antojo.
Te acordás que en una de esas tardes que volvimos a casa ya no volvimos a casa y te quedaste en la Plaza con tus pies descalzos y tus cigarrillos y tu trenza y yo paso todos los domingos y te hablo y me burlo de tus gestos y te cuento del trabajo y que empiezo a deprimirme con más frecuencia y te pregunto si te acordás cuando salíamos a caminar por Plaza Francia y...

¿Qué haces viejo?

Pasá. Tomemos un vinito. Tus cosas, ¿bien?. Estuve viendo algunas fotos tuyas. Al final nos parecemos en algo, viste. Contame como te fue hoy. Yo bien, tratando de hacer algunas cosas y encaminar un poco mi vida. Y si, es cada vez mas complicado ... las responsabilidades, el laburo y eso. Pero decime, ¿y vos? ¿Estás cansado viejo? Se te nota che. Pero bueno, relajate ahora. Tenemos mucho que hablar, ¿sabés?. Antes no hubo oportunidad, quizás ahora la tengamos.
¿Te molesta si fumo? Brindemos por este encuentro, dale.
Si, ya se. Pero seguro tenés algo que decirme, y yo a vos. No, no es que no quiera. Pienso que somos muy distintos. Fueron muchos años de callar algunas cosas ¿Vos entendés no? No importa, no te preocupes, casi que nos conocemos bien. !Viste!, ya soy Licenciado. Gracias!.
¿Que tal el trabajo? No parás nunca. Si, la plata, ya se. Todos lo sabemos. Y ella, ahi anda, para ella es mas difícil, el trabajo, la facu, los horarios. Ah! cada día mas linda, si!
Ojalá no tengas que irte tan pronto. Y bueno, te entiendo. No das mas. Pasá cuando quieras. Ah, viejo, !feliz día el domingo! Donde sea que estés.

Algo sobre Lucia

Hace poco menos de un año que conozco a Lucia. Supe de su existencia una mañana de junio. Creo que fue un sábado. Cruzamos algunas palabras y las típicas preguntas de quienes recién se conocen. Nos hicimos amigos después de largas charlas y algunos meses de encuentros y desencuentros. A veces desaparecíamos por completo y ninguno de los dos sabia nada del otro. Un día aparecía y era como si nada hubiese cambiado, ni el tiempo, ni nosotros. Y sin embargo, sucedía. Cambiábamos.

Lucia es muy bonita. Tiene el pelo negro y cejas hermosas que enmarcan sus ojos profundos. Hay días en que su mirada se adivina triste. Lucía atesora dolores ocultos y profundos, de años lejanos que marcaron su vida. Sin embargo la alegría que se dibuja en su rostro la mayor parte del tiempo ilumina las tardes y noches que pasamos tomando mate y riéndonos.

Creo que Lucía sospecha que me gusta todo de ella. Sus pensamientos son hermosos y su manera de transmitirlos más hermosa aún. Ella habla sin parar y se olvida del tiempo y de las cosas. A Lucía le duele el dolor. No soporta la injusticia. Su sensibilidad es inmensa y conmueve. A Lucía la enloquecen los viajes y escapar de vez en cuando.

Creo que Lucía sospecha que me gusta todo de ella. Es inquieta, se enoja con frecuencia y por momentos se siente perdida y desganada. Sueña con crecer todos los días y lo hace aferrándose a sus ideales y convicciones.

Lucía es hermosa. Sus gestos son muy expresivos y ocultarlos para ella es casi imposible. Se ríe todo el tiempo y es inevitable no sentirse bien a su lado. Es única. Hace poco menos de un año que conozco a Lucia y creo que ya no sospecha que me gusta todo de ella.

Intitulado Nº 1

Se conocieron una tarde de invierno camino a la facultad. Ambos tropezaron en el mismo colectivo atestado de estudiantes vociferando historias de recreo. Entre anécdotas de rayuelas y mancha escondida, sus miradas se iluminaron al reconocerse. El gordito salpicaba carcajadas que despertaban la curiosidad de todo el pasaje y el enojo del chofer que relojeaba el espejo cada tanto.
El la perdió de vista. Desde el último asiento la visión era totalmente nula. A 20 centímetros de sus ojos, una mochila que dejaba ver la punta de un compás amenazante, bamboleándose. Filoso y puntiagudo péndulo que distraía notablemente la incesante búsqueda de aquellos ojos que viajaban en alguno de los asientos delanteros.
Se acercó con una flor de papel en la mano y le explicó en dos palabras lo que pensó al verla. Tomó su mano y su mano tomó la flor. Charlaron un rato acerca de los apuntes que el traía en la mano, y de la gente que se empeña en amontonarse en la parte trasera del colectivo, estando todavía a 10 cuadras de la próxima parada en la que deberán descender.
A empujones lograron escabullirse y se encontraron caminando por el parque hablando de mil cosas al mismo tiempo, a veces en distinto tiempo. Atrás quedaron los horarios de clases todavía viajando en aquel colectivo.
Se dejaron llevar por las horas perdidas, y la lluvia los sorprendió en el banquito blanco al borde de un beso. Que finalmente fue. Un beso lluvioso, como el de las películas, pensó ella. La flor de papel se esfumó en unos cuantos pétalos de agua. El final vino como la lluvia. Repentino. Molesto e inoportuno. El papel que antes fue flor ahora era papel nuevamente.
Casi nunca se ven y sin embargo están acostumbrados a encontrarse todo el tiempo. De vez en cuando se sorprenden uno frente al otro y hasta se dicen algo lindo y sincero. No se esconde aquella intención del principio, no hace falta ya ser lo que no son.

Copla del Guerrillero

"Hasta las casitas del monte lejano
vienen surcando los pasos del guerrero
despacito casi en silencio cantando algún verso.
Recuerdo choques de fusiles y estampidas
allá en la Sierra más arriba
la sangre de mis hermanos de guerrilla
tiñe las aguas de este país.

De las Sierras bajan despojos de hombres,
mutilados corazones a fuerza de barro y fusil,
Sepultados en la selva duermen sus sueños libertarios
esperando algún día ver resurgir
el rugido de voces que hoy callan
y mañana han de parir
aquellos hijos olvidados
gritaran tu nombre al morir".

Defensa de Tesis

El reloj sonó a las 6 punto. Fueron 5 horas de sueño mal dormidas, cargadas de minutos lentos y pesados, como los minutos de una noche que antecede a una mañana que deberá ser trascendente. Lentos y pesados. Se levanto con la oscuridad aún reposando en la ventada, y se sentó al borde de la cama con los pies apenas rozando el piso helado. Pensó en lo que en pocas horas sucedería, y acarició la leve posibilidad que aún rondaba en su cabeza de desplomarse 30 minutos más en la cama.
La noche anterior supo dejar listo el traje, prolijamente cubierto con el fino nylon, las medias indicadas para la ocasión, la camisa mal planchada en el perchero y casi un año de espera en el maletín con el que solía asistir a las clases de la facultad.
El desayuno fue mas rápido de lo recomendable. Entre algunas galletitas húmedas y los apuntes en la mano transcurrieron dos horas de idas y venidas, ademanes, señas a cualquier lado y por momentos el discurso se tornaba adormecedor, aletargado, y en otros, magistral, catedrático.
Cansado de la escenografía repetitiva del departamento, decidió que ya era hora de marcharse. Salir a la calle y respirar un poco de aire, de llenarse los oídos de otras voces y sonidos. Se había cansado de escuchar su voz monótona desoída en la soledad del departamento a media luz.
Caminando lentamente observó cada una de las baldosas de la plaza, y elevó los ojos hacia la cúpula de la catedral. Las primeras horas de la mañana se tornaron oscuras bajo el manto de nubes grises y amenazantes. Llegó finalmente al claustro apurado por algunas gotas solitarias y se encerró en la inmensidad del aula vacía. Solo él y ellos. Por momentos el discurso se tornaba adormecedor, aletargado, y en otros, magistral, catedrático. Por momentos unas cuantas risas y la voz mas segura, teñida de confianza. El cuerpo relajado. Había aprobado el examen final de su carrera. Ya no sería el mismo. O si. Quizás solo un Lic. precediendo a su nombre. Tal vez solo eso.